Por: Rashid Al-Rasul
Líder Espiritual y Autor Esotérico
Una mirada hidayita sobre lo que realmente sucede cuando “brindamos”
Durante generaciones, el alcohol ha sido presentado como símbolo de alegría, libertad y celebración. Desde temprana edad se nos enseña, de forma directa o indirecta, que “beber” es parte natural de socializar, reír, olvidar o “soltarse”. Lo vemos en las películas, en las canciones, en las reuniones familiares, en las fiestas, en los brindis.
Pero, ¿alguna vez te has detenido a observar con conciencia lo que realmente ocurre?
¿Por qué para celebrar, relajarse o desahogarse… se necesita intoxicarse?Y más aún: ¿por qué lo aceptamos como algo normal?
¿Alguna vez te has preguntado por qué en esta sociedad todo lo importante —celebrar, liberar tensiones, socializar— parece estar ligado al alcohol?
Desde muy jóvenes, se nos programa para ver el consumo como un sinónimo de diversión, madurez o incluso libertad. Una copa para festejar, para olvidar, para desinhibirse. Pero lo que pocos se preguntan es: ¿qué precio espiritual estamos pagando cada vez que entregamos nuestra conciencia al alcohol?
En planos sutiles, el alcohol no es una bebida: es un ritual.
Un ritual moderno, masivo, inconsciente, donde millones de almas bajan su frecuencia al unísono sin darse cuenta. No es casual que en inglés se le llame “spirits” (espíritus). En múltiples culturas antiguas, el alcohol era comprendido como una sustancia poseedora, capaz de abrir el cuerpo y la psique a influencias externas. Es sencillo:
- Bebes… y dejas de ser tú.
- Tu campo se abre.
- Tu escudo se debilita.
- Tu voluntad se disuelve.
Lo que parece un gesto social inofensivo, en planos sutiles opera como un verdadero ritual de desconexión energética. No se trata de moralismos ni de prohibiciones, sino de una realidad que pocos se atreven a ver: el alcohol baja nuestra frecuencia, abre nuestros campos emocionales, y debilita nuestro eje de voluntad.
En muchas lenguas antiguas, el alcohol era literalmente llamado “espíritu” o “bebida de los espíritus”. Esa no es una coincidencia lingüística: era entendido como una sustancia poseedora, capaz de abrir portales por donde otras energías, entidades o patrones ingresaban.
Y tú lo sabes, lo has vivido o lo has visto:
La persona que bebe pierde el control. Se vuelve más impulsiva, más vulnerable, más emocional o más agresiva. Dice cosas que no diría. Hace cosas que luego lamenta. ¿Quién está realmente en el volante en ese momento?
Y entonces… algo más toma el volante.
¿Te ha pasado que en estado de ebriedad hiciste cosas que nunca harías sobrio? ¿Palabras, decisiones, cuerpos… que cruzaste sin saber por qué? ¿Y luego esa sensación de vacío, culpa o ansiedad al despertar?
Eso no es sólo una resaca: es el alma desconectada buscando volver a entrar.
Después de una noche de copas, la mayoría no solo despierta con dolor de cabeza. Muchos se levantan con ansiedad, tristeza, culpa, confusión, vacío. No es solo una “resaca física”. Es una desincronización del alma.
Lo que se vivió no solo afectó al cuerpo: afectó el campo energético completo. Y ese campo abierto es terreno fértil para lo que en Hidaya llamamos parasitaje sutil: entidades o fuerzas que se alimentan del descontrol humano, de la energía sexual expuesta, de la emoción sin dirección.
La repetición constante de este patrón no solo crea un hábito. Crea un anclaje profundo, una fractura sostenida entre cuerpo, mente y espíritu que el sistema promueve y normaliza.
El alcohol es uno de los canales favoritos de las entidades de baja frecuencia.
Mientras tú crees que “te estás liberando”, ellas te están consumiendo.
Absorben tu energía sexual, drenan tu poder vital, e implantan ideas o impulsos que te hacen repetir el ciclo una y otra vez.
Cada fiesta puede convertirse, sin que lo notes, en una ceremonia de entrega energética.
Y no es tu culpa.
Nos enseñaron a celebrar lo que nos apaga.
A reírnos del que prefiere la sobriedad como estado sagrado.
A marginar al que observa con conciencia lo que para todos es “normal”.
¿Nunca te sentiste fuera de lugar en una fiesta estando sobrio?
Eso no es que tú estés desconectado.
Es que tu frecuencia ya no encaja en un ritual de desconexión colectiva.
Y eso, querido lector, es una señal de despertar.
¿Y entonces? ¿Debemos prohibirlo?
No. No se trata de extremos.
Como toda herramienta, el alcohol puede tener un uso sagrado cuando se lo enfrenta desde la conciencia y no desde la evasión. En ciertas culturas ancestrales, el vino o fermentos naturales eran usados en rituales muy específicos, con respeto, con intención clara, y en estados de contención energética.
Desde una visión hidayita, consumir alcohol con moderación puede incluso ser una prueba espiritual:
- Una manera de medir si puedes mantener el eje sin entregarte a la pérdida de control.
- Un modo de observar tus reacciones, tus impulsos, tus emociones desde un lugar más neutro.
- Un espejo donde ver qué ocurre en ti cuando la conciencia se desestabiliza, y qué tan rápido puedes regresar a ti mismo.
También existen beneficios conocidos (como algunos efectos vasodilatadores, digestivos o relajantes del vino tinto en pequeñas dosis), pero estos solo se manifiestan cuando la intención está alineada, y no cuando el consumo es compulsivo o emocional.
La diferencia no está en la sustancia, sino en el estado de conciencia desde el cual la usas.
Y tú lo sabes.
El alma no necesita alcohol para brillar.
Solo necesita presencia, coherencia, y el silencio suficiente para escucharse.
No se trata de moral.
Se trata de frecuencia, voluntad y conciencia.
La pregunta real no es “¿puedo tomar o no tomar?”, sino:
¿Desde dónde estoy eligiendo esto?
Y si estás en proceso de salir de este ciclo, si ya no te identificas con ese entorno, si sientes que tu energía ya no resiste más pérdida… entonces lo sabes:
No estás solo.
Tu alma ya comenzó a elegir diferente.
Y eso, en este mundo, ya es un acto de valentía.
Por: Rashid Al-Rasul
Líder Espiritual y Autor Esotérico
💬Y tú, ¿qué lugar ocupa la copa en tu camino?
✦¿Has sentido alguna vez que algo invisible toma el control cuando bebes?
✦¿Crees que el consumo de alcohol puede abrir puertas que no sabías que estaban allí?
✦¿Te has cuestionado si realmente somos libres cuando repetimos patrones que la sociedad celebra?
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📘Sobre el autor
Rashid Al-Rasul: Líder Espiritual, Escritor, Podcaster y fundador de la Honorífica Hermandad H.H.I.D.D.A.Y.A.H
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